viernes, 22 de enero de 2016




La vida para un privado de libertad en Venezuela tiene dos vertientes muy distintas: Unos viven como reyes (los pranes) y otros sobreviven en un mundo sin salida entre corrupción, violencia, drogas y muerte. Actualmente Venezuela vive una crisis en sus recintos penitenciarios, la saturación de las cárceles, lentitud de los tribunales, la mala organización y falta de atención medica de primera, son factores principales que tienen tan golpeado el sector penal en Venezuela. Recordando al penalista, abogado Elio Gómez Grillo  donde la mayoría de sus trabajos fueron dirigidos hacia la educación para los que comandaran los institutitos penitenciarios, por ello fundó hace 25 años el Instituto Universitario Nacional de Estudios Penitenciarios (Iunep) actualmente abandonado y suplantado por la Universidad Experimental de la Seguridad (Unes), se cambio la educación por la seguridad, y con un gran enfoque vemos el gran error que se cometió, la seguridad no logro batallar la corrupción y el mal estado de nuestro sistema penitenciario en todos sus espetos.







  Lideres negativos

 La corrupción ha transformado figuras de liderazgo y orden en los penales, pero basados en crueldad y bestialidad hacia la población reclusa, teniendo el control de todo, y llevándose a su paso cualquier medida legal, el llamado “carro” en los penales figura como un estado, “El Pran” es el presidente y los mal llamados “ perros o luceros ” son los ministros que hacen cumplir las órdenes de su mandatario, fuere lo que fuere; droga, prostitución, armamentos de guerra, extorción, es el gran ingreso económico para los lideres negativos, y como siempre está la oposición: otros reos tratando de obtener el poder y la toma de control del recinto que genera una verdadera guerra entre reclusos para llegar a la cima, donde la vida es un precio, asesinan sin piedad para lograr ser el más respetado y conducir el rumbo de la cárcel, la fuerza del dinero y de la droga lo puede todo. Los pranes hacen el código, establecen impuestos, premian y castigan a su antojo; a ellos corresponde decidir la vida o la muerte de sus “súbditos”. Viven sin privaciones; para ellos hay comida al gusto, todos los equipos domésticos y mobiliarios y su crueldad para lo que estén en su contra es realmente catastrófica. 



Estar privado de libertad en Venezuela emula el infierno descrito por Dante, voces de seres humanos descalificados y sometidos a un régimen cloacal, sobreviviendo en condiciones infrazoológicas, donde no  se rehabilita al delincuente, al contrario lo profundizan a una vida criminal violenta.

 

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